La visita de tres días del presidente chino Xi Jinping a Egipto —que coincidió con el 70.º aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países y supuso su primer viaje a Oriente Medio en cuatro años— ha vuelto a poner de relieve el delicado equilibrio político que El Cairo mantiene entre Washington y Pekín. Mientras Egipto sigue recibiendo 1.300 millones de dólares anuales en ayuda militar de Estados Unidos, al mismo tiempo ha profundizado significativamente sus lazos económicos y militares con China en los últimos años. Ahora, este equilibrio diplomático se enfrenta a un nuevo desafío, ya que el suelo egipcio se ha convertido en el escenario de una competición estratégica en la carrera global de la inteligencia artificial.
El acuerdo de Huawei y la contraofensiva estadounidense
El núcleo de esta nueva rivalidad gira en torno a una propuesta del gigante tecnológico chino Huawei para construir dos complejos de computación en Egipto. Según documentos oficiales, Huawei solicitó el suministro de 1.408 procesadores Ascend 950 para el entrenamiento de modelos de IA, junto con 600 chips adicionales Ascend 950 o la versión anterior 910B, con un plazo de ejecución de 12 meses. De entrar en vigor este contrato, se trataría de la primera exportación explícita de los chips avanzados de Huawei fuera de las fronteras chinas, y la infraestructura construida para este fin se utilizará en tareas militares, de vigilancia y gubernamentales.
En respuesta, fuentes informadas señalan que el Departamento de Estado de los EE. UU. está redactando una contrapropuesta a través de empresas estadounidenses como Nvidia, AMD y Microsoft, con el fin de evitar que Pekín monopolice el mercado tecnológico egipcio.
Ubicación geográfica y razones para la elección de Egipto
La elección de Egipto como centro neurálgico de esta tecnología está estrechamente ligada a su singular posición geográfica; Egipto controla el canal de Suez, situado en el punto de encuentro de los continentes africano, asiático y europeo. A la luz de las tensiones regionales y las crisis en los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, la importancia estratégica del canal de Suez como ruta alternativa de suministro se ha multiplicado considerablemente.
China es el mayor socio comercial de Egipto en productos no petroleros, y el volumen del comercio bilateral alcanzó casi los 20.700 millones de dólares a finales de 2025. Además, la Zona Económica Conjunta China-Egipto en la costa del mar Rojo (parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta) ha atraído a más de 200 empresas y ha generado más de 10.000 empleos directos. Mohamed Ramadan, activista de la Iniciativa Egipcia para los Derechos Personales (EIPR), enfatiza que la competencia por los centros de datos es fundamentalmente una profunda contienda por la recopilación, el enrutamiento de datos globales y la gestión del futuro. China cuenta con una gran ventaja en este aspecto, ya que Huawei lleva muchos años presente en el mercado egipcio y sus precios son más competitivos en comparación con los de las empresas estadounidenses.
Desafíos medioambientales y económicos para el interior de Egipto
A pesar de su relevancia política y tecnológica, la construcción de centros de datos supone una pesada carga para el medio ambiente egipcio. Estos centros requieren ingentes cantidades de agua y electricidad para sus sistemas de refrigeración, mientras que, según datos gubernamentales, la cuota de agua per cápita en Egipto se ha reducido a menos de 500 metros cúbicos anuales, lo que equivale a la mitad del umbral de pobreza hídrica establecido por las Naciones Unidas.
El analista político Maged Mandour considera que, a pesar de la crisis del agua, el gobierno aportará los recursos necesarios para este proyecto a expensas de la distribución de servicios a otras regiones del país. Subraya que este acuerdo es esencialmente una transacción de importación y exportación de tecnología y no podrá aportar un cambio fundamental y sostenible en los ingresos y el empleo a largo plazo para la gran economía egipcia.
En última instancia, El Cairo se halla ante una decisión estratégica; aceptar cualquiera de estas propuestas no representa un mero contrato de infraestructura económica, sino la entrada en una nueva fase de dependencia política y de seguridad que determinará la posición de Egipto en el sistema global durante una década o más.
Egipto ante una prueba histórica: La carrera de centros de datos entre EE. UU. y China se intensifica